El inversionista ángel: un mecenas moderno

Los inversionistas ángeles ocupan un lugar privilegiado en el eslabón del capital de riesgo. A diferencia de los inversionistas institucionales (aquellos que invierten en nombre de otros, a través de un fondo por ejemplo), los ángeles tienen la oportunidad de entrar mucho más temprano al negocio, casi en el nivel de “idea en servilleta”. Y por esta razón, tienden a ser parte instrumental del éxito -o fracaso- de la empresa, pues es su profunda creencia en la visión del proyecto la que los inspira a invertir mucho más que solo dinero. Y es este tipo de inspiración la que ha movilizado a los ángeles, inclusive desde hace muchas centurias antes del internet.

La inversión ángel se asemeja al mecenazgo, un tipo de patrocinio que se otorgaba, hace siglos, a artistas de diferentes rubros y que les permitía desarrollar y llevar a término sus obras. La diferencia es que los mecenas eran más puristas, en vez de buscar una retribución monetaria su propósito era satisfacer un placer intelectual -o político, a veces-. Pero ambos ángeles y mecenas se parecen mucho en cuanto rasgos de carácter compartidos: visión de largo plazo, aversión al riesgo y deseo de trascender.

En la época del Renacimiento, la multitud de proyectos patrocinados por mecenas tenían en común la particularidad de la enorme cantidad de años antes de poder ver el retorno. Por ejemplo, en lo arquitectónico, la Galería Uffizi, en Florencia, demoró 21 años en finalizarse. En el arte pictórico algo similar, por ejemplo, con “La adoración de los Reyes Magos”, comisionado al artista Fra Angélico quien comenzó en 1440 y demoró tanto que murió, y otro artista tuvo que terminarla casi 20 años después. Los ángeles modernos comparten esta motivación, y saben que hacer un impacto positivo en la historia de la humanidad lleva muchos años.

El antiguo patrocinio de las artes también suponía una gran aversión al riesgo por parte del capitalista. Un ejemplo de ello es la Torre de Pisa, que también comenzó como un proyecto patrocinado por una familia opulenta, pero que ahora se la conoce como la torre “inclinada” debido a un mal cálculo. Lejos de haber “perdido” su inversión, esos mecenas en realidad re-escribieron la historia.

Finalmente, tanto mecenas como ángeles comparten un deseo ardiente por trascender, por dejar una “abolladura en el universo”, como profesaba Steve Jobs. El apoyo a los proyectos con los que se involucran es mucho más que monetario, los ángeles moverán cielo y tierra -y sus contactos- para abrir al proyecto la mayor cantidad de puertas posibles. Y esto significa tiempo, que es el bien más preciado.

Afortunadamente, hoy en día hay muchas maneras en las que individuos con capital -financiero y social- pueden participar de uno de estos proyectos con potencial de cambiar el mundo. Y, además del evidente valor intangible al hacerlo, aprovechar de los altos retornos financieros que puede traer aparejado el involucrarse lo más temprano posible con tales proyectos. Para esto existen varias redes de ángeles, en donde por supuesto nos incluimos, que no solo sirven como lugar de congregación y capacitación, sino que también identifican los mejores proyectos locales donde el ángel apasionado puede involucrarse y, tal como los mecenas, ayudar a inspirar una revolución en la historia de la humanidad. Estamos hoy en el momento y lugar ideales para convertirse en un mecenas moderno.

 

Nota al pie: este artículo fue anteriormente publicado en Redinnova.com